“Los hielos olvidados”

Día 1: El día 13 de Julio de 2019, aproximadamente a las 14:00 hs el colectivo nos deja en la ruta 7 en el acceso a la quebrada, a 2400 msnm. Decidimos cambiarnos, ordenar el equipo y emprender la travesía, que hasta el momento se veía con muchos condimentos, ya que podríamos llegar a transitar por un glaciar. Personalmente, estaba ansioso por ver la Quebrada de Vargas, porque en abril anduve por la misma, pero sin nieve. Ahora la imagen era otra. Entramos por dicha quebrada hasta llegar al refugio “Grajales” a 3200 msnm. Ya se nos hacía de noche, eran las 18:30 hs y decidimos emprender nuestro primer campamento, a metros del refugio, el cual el mismo se encontraba ocupado por 3 montañistas, muy atentos, provenientes de San Juan, iban a hacer el cerro Penitentes, cuando nos preguntan decimos: “Vamos a los glaciares del Río Plomo” (nos sentimos muy contentos por dentro, saber que era una locura a donde íbamos), quedaron sorprendidos. Esa noche iba a tener un gusto especial. Una equivocación de un compañero de no “etiquetar” la botella, hizo que en un descuido (e imprudencia mía) tomé un trago de benzina. Me preocupe mucho, pero no paso a mayores, por suerte el cuerpo logró eliminarla, pero sí que sentí ese olor toda la noche.

Ingreso a la Quebrada de Vargas.
Día 2: A las 9:00 empezamos el trekking. Teníamos que pasar el “Paso Serrata”. Se nos hizo muy lento el trekking cargados y con botas dobles, entramos a la quebrada y un sendero nos llevó a dicho paso. A las 13:00 hs pasamos el paso. Un nuevo mundo aparecía, en “La Playita”. Ahí fuimos. Pero la nieve fue un factor: cada vez nos hundíamos más. Dijimos: a utilizar raquetas (primera vez que las utilizaba). El paso comenzó a acelerarse. No habíamos almorzado pero el ánimo estaba alto, ya que de a poco se veía nuestro lugar de acampe.
Transcurrimos 5 km con raquetas hasta llegar a la Playita, una pampa enorme donde circulaba el río Quebrada Blanca. Llegamos a las 17:00 hs y decidimos terminar la jornada. De a poco nos estábamos dando cuenta que los días eran muy cortos, y cuando estaba oscuro el frío era inminente.

Llegando a la Playita con utilización de raquetas para nieve.

Segundo campamento, en La Playita.
Día 3: El optimismo por llegar al glaciar ese mismo día era nuestro objetivo. Pero… hay que tener imprevistos. Desarmamos campamento y nos fuimos a las 10:00 hs derecho a la Quebrada del viento. Pensamos: “Un camino fácil que nos deja debajo del glaciar”. Personalmente odie mucho esa quebrada. Primero parecía amigable, con poca nieve… algunas piedras que caían desde arriba… pero de a poco se iba cerrando. La nieve se convertía en hielo y los pasos eran más lentos. Miramos el GPS (eran las 12:30 hs) y habíamos avanzado 1⁄4 del camino. Algo anda mal dijimos… hicimos una parada y sacamos la piqueta: en ciertos pasos había que tallar escalones.

Quebrada del Viento, pasos difíciles y expuestos por el hielo.
En cierto lugar, la quebrada se cerró por completo. No podíamos seguir por el arroyo. Había que subir: o derecha o izquierda. Vamos por la derecha… subimos un infernal acarreo… nos caíamos, no avanzabamos. ERROR: no era la mejor vía, no teníamos de donde tomarnos. Decisión grupal, bajamos y tomamos un nevé de la izquierda. Parecía muy inclinado, pero era mejor que ese odioso acarreo. Llegamos de nuevo al arroyo, tomamos agua y comimos algo… eran las 14:00 hs ya, sabíamos que no íbamos a llegar al glaciar… ahora el objetivo era salir de la quebrada. Colocamos grampones y encaramos el nevé. Estaba muy cargado, pero no tenía mucho hielo. Fue muy difícil, pero llegamos a la cota que queríamos. De repente vimos un lindo sendero: confirmado, el sendero iba por arriba. Bueno, aprendemos de nuestros errores y de no leer el terreno. Por dicho error perdimos mucho tiempo y nos expusimos. Ahora ya estábamos mejor. Hora de almorzar, y a caminar hasta donde lleguemos. Mientras de a poco una enorme masa de hielo azul se asomaba en el horizonte este.

Dándolo todo en el nevé salvador que nos sacó de la quebrada.
Terminamos de almorzar, y 15:30 hs comenzamos nuevamente el trekking. Cansados, pero más tranquilo que estábamos en el sendero. A eso de las 18:30 hs encontramos una pampita para acampar, cerca del arroyo. Nuestra jornada había finalizado a 4000 msnm.
Día 4: Hoy era el día… hoy llegaríamos al glaciar. Arrancamos a las 9:00 hs. Día soleado, como los anteriores, poco frío. Fuimos por los filos de las morrenas. A las 11:30 hs llegamos al glaciar: hielos celestes, muchos tapados por nieve. Mirabas hacia arriba y eran enormes, de 50 metros de altura. Quedamos en silencio, pero era momento de encordarnos. No sabíamos que nos esperaba en ese glaciar, pero la seguridad era lo primero.


Grandes torres congeladas se apreciaban en el ingreso al portezuelo.
Durante el tránsito, pequeñas grietas se veían. Muchas tapadas, otras cuando ibas caminando hacían que te entierres en la nieve. Fue lento. En partes, era solo hielo: utilizar tránsito en hielo, los grampones fueron fundamentales. De a poco que íbamos avanzando varios “monstruos” se asomaban: El Nevado el Plomo era imponente, y más lejos el Nevado Juncal. Llegamos a las 19:30 hs a la “puerta” de otro glaciar: El glaciar del potrero escondido. Decimos finalizar la jornada. Viento frío, ya de noche y con linternas. Momento de pasar nuestra primera noche en el glaciar, a 4500 msnm. No había agua, solo derretir nieve.

Primer Campamento en Glaciar.
Día 5: Hoy el objetivo era otro: llegar al Cerro del Potrero Escondido. Dicho día será relato en un artículo correspondiente al cerro. Aclaramos que ese día hacía -25º de sensación térmica, día nublado y mucho viento. Ahora se sentía la alta montaña.
Día 6: A las 10:00 hs desarmamos campamento lo más rápido posible, el viento era ¡congelante!, no podíamos estar mucho tiempo parados porque no sentías los dedos de los pies ni las manos. Nos encordamos y salimos. No había que parar, era salir del glaciar lo más rápido posible.

Cordada "Elsa". Amigos y muchas anécdotas.
Una vez pasado el glaciar parecía que era salimos de una heladera. Salió el sol, y ya no necesitábamos el equipo técnico y la cuerda. De a poco íbamos desabrigándonos. Almorzamos a las 13:00 hs y seguimos por el sendero de habíamos hecho de ida. Nuestro ánimo empezó a mejorar y disfrutamos mucho del trekking. Y realmente cuando encontramos un arroyo era momento de lavarnos un poco la cabeza después de 6 días.

Post glaciar, arroyo con agua fresca y a lavarnos un poco.
Ahora un nuevo sendero: el original, el que por error no tomamos. Estaba muy marcado e iba por el filo sobre la Quebrada del Viento. Nuestro objetivo era llevar en condiciones a la Playita, donde nos esperaba nuestro campamento. Arrimamos a las 18:30 hs, con algo de sol. Armamos carpa y fin de jornada.
Día 7: A las 9:30 hs ya comenzamos a caminar. Sabíamos que era el día más largo en km. Teníamos otra quebrada por enfrentar. Por suerte el sendero estaba marcado. Tuvimos que vadear 2 veces el río, que con su intenso caudal nos hacía estar alerta a todo.
Dia muy largo, finalizaba en la intersección el con el Río Tupungato. Infinito el camino, eran las 20:00 hs y seguimos caminando, ya tediosos. Las botas dobles me rompían los pies, estaba húmedas y con agua por el vadeo. Empecé a caminar más lento. Pero a las 21:00 hs llegamos a dicha intercepción. La noche no estaba fría y el cansancio nos obligó a rápido y establecer un vivac. Una hermosa noche estrellada nos cuidaba.

Vivac después de transcurrir nuestra última noche de travesía.
Día 8: Último día. Empezamos a caminar a las 10:00 hs. Cuando más pilas le poníamos, más rápido íbamos a llegar a Puntas de Vacas. Pasamos un puente y visitamos un hermoso refugio. El sendero estaba muy marcado, parecía que era una zona muy visitada. A lo lejos unas casas con techos azules se asomaban. Y veníamos la ruta 7 transitada por enormes camiones. De a poco veíamos civilización.

Llegamos a Puntas de Vacas a las 14:30hs, con la ilusión de bañarnos y comer algo calentito en algún bar. Pero nada de eso ocurriría. Era un “pueblo fantasma”. No había nadie. Solo un puesto de Gendarmería y un negocio que todavía no había abierto. Fuimos a una casa abandonada, comimos lo que nos había sobrado y nos cambiamos de ropa. 17:30 hs paso el colectivo. Fin de la travesía.

Esperando el colectivo. Mendoza nos esperaba con unas pizzas calentitas.
Conclusión: esta travesía tuvo la particularidad de darnos realmente cuenta por qué está el curriculum de montaña en nuestra profesión. Aprendes cosas que nunca pensaste que ibas a aprender. Pones en práctica todo lo que te enseña el ISAUI, y te das cuenta todo lo que te falta como Guía, toda la experiencia que todavía tenemos que afrontar. Tuvimos muchos errores y eso nos enseñó que no podemos estar a cargo de un grupo de clientes y dudar del terreno. Personalmente creo que tengo que seguir sumando. Gracias Juan y Agus. Grandes amigos y compañeros, 8 días de risas, buen ánimo y aprendizajes. El buen clima del grupo hizo que sea llevadera la travesía, y en momentos de “no poder más” siempre estaban con uno para dar fuerzas y seguir.
